
Me encanta compartir habitación con mi hijo, pero desde que nació el enano, leer en la cama -una de mis aficiones favoritas- se ha transformado en un curioso baile entre mantas para tapar pequeñas linternas que usamos Eva y yo para que la luz no le despierte.
Ayer cuando nos levantamos, decidimos usar esas linternas para hacerle a Pablo un teatrillo con sombras. Si alguien conoce un niño de año y medio y todavía no ha jugado a esto con él, por favor, que no se lo pierda.
La cara de Pablo cuando comenzaron a surgir animales en la pared era un verdadero poema. Tardo algunos segundos en reconocer el juego y a los animales -no es que seamos expertos en el tema, pero un conejo y un perro siempre salen- y terminó pidiendo interpretaciones.
Creo que en próximas fechas, nos tocará buscarnos un manual de cómo hacer sombras en la pared.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada