Como Eva no tiene otra cosa que hacer más que esperar, ha encontrado esta pieza de museo desconocida en los típicos correos electrónicos de coña, pero que puede convertirse en uno de los grandes clásicos.
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03/11/04 En la punta de la lengua
Me ha salido una llaga en la punta de la lengua que me impide hablar correctamente inglés. Llevo así dos días y la cosa empieza a preocuparme. Lo descubrí mientras tarareaba una canción de Britney Spears, sobrecogido al escuchar los gruñidos que salían de mi boca. Así que llevo dos días sin vivir en mí, que me llama esta tarde mi amiga americana para comentar la victoria de Bush y yo, nada, diciéndole que "it iz impozible", que no puedo "ezpeak" y ella que se cree que me he fumado algo. Al final ha terminado colgando, claro, y temo que esto enturbie aún más las relaciones transatlánticas, que ya tenemos bastante.
El caso es que estoy jodido, porque además de hablar inglés, la puñetera llaga me impide comer pistachos, y eso ya es otro cantar, que el otro día lo intenté y se me caían unos lagrimones que ya ves tú, que mi chica me pilló viendo La Granja y se pensaba que me había emocionado. No me quedó otra que disimular, claro. Seguí comiendo pistachos y al final me topé con uno podrido, por listo, por no mirar, de modo que acabé escupiendo disimuladamente, con la cara llena de lagrimones, y me pregunto qué imagen tendrá ella de mí, a estas alturas.
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