
Hace un par de meses me hice con un netbook y decidí instalar una Ubuntu, ya que desde su primera versión siempre ha sido un sistema que ha buscado la facilidad del usuario.
Desde entonces tengo una gran añoranza recordando los tiempos en los que me pegaba durante horas con los drivers de las tarjetas wifi (que en aquel momento eran un invento que acababan de sacar), con los servidores X y con las tarjetas de sonido...como ha cambiado el cuento. Ahora creo que te preguntan menos que el Windows en la instalación.
Siempre he visto los sistemas abiertos como las motos antiguas. Son sistemas que hay que cuidar, que hay que pulir y que tienen miles de trucos, pero que provocan una experiencia distinta en el usuario. Tienes la sensación cuando los utilizas que eres parte de algo.
Cuando utilizas una aplicación de software libre, en la mayor parte de los casos no tienes que pagar nada, conllevan una filosofía comunitaria y te permiten compartir el conocimiento y además colaborar en primera persona con los proyectos. Yo hace unos años que cogí una costumbre que creo que es bastante buena y es enviar un correo al desarrollador o a la página de soporte, dándoles las gracias por su trabajo y por ayudar a la comunidad (en muchos casos, también admiten donaciones pay-pal, no seáis tacaños).
Con el paso de los años, las prioridades cambian y ya no puedes estar en las mismas batallas (ya no salgo a repartir CD's con software libre ni me presento en fiestas de Mozilla, pero descubres que los regustos en el paladar se mantienen.



